viernes, 26 de septiembre de 2014

Dilemas y reflexiones.

No recuerdo tu figura mucho menos tu mirada pero, ayer mientras contemplaba la puesta del sol a la orilla del mar, entre el imparable reventar de las olas creí haber escuchado tu voz. Permanecí atónito por esa situación tan peculiar. Así fue, te escuché nuevamente y sonreí.

Me hiciste tres preguntas. ¿Qué bebes? Me bebo la tristeza, el dolor y la amargura que durante tanto tiempo he almacenado en cada rendija de mi ser. ¿Qué ves? La puesta del sol tras la inmensidad del mar, respondí. ¿Y en qué piensas?, volviste a cuestionar. Pienso en que son las 19:46 horas del día y desconozco lo que estás haciendo en este momento, aunque no me cabe la menor duda de que estás llevando a cabo una actividad productiva y divertida. Y a la vez, aprovecho las circunstancias para reflexionar en como será el momento en el que te pueda ver sonreír.

Bajé la mirada hacia la arena y medité en silencio si será correcto aferrarme a eso para poder seguir adelante. Y es que no han sido fáciles los últimos años... Desempolvé mi memoria y recordé que mi entorno se ha vuelto gris y, aunque sé que tú eres fuerte, inteligente y muy capaz, me parece algo infame el hecho de incluirte en el apoyo que necesito para salir de este laberinto en el que llevo atrapado tanto tiempo. Es darte una responsabilidad que no mereces.
Creyendo que te habías marchado, seguí en silencio contemplando la elegancia de las nubes mientras se esconden los últimos rayos de sol.

Inesperadamente, como si hubieras leído mi mente, esa voz tan tuya llena bondad recitó cuarenta y seis palabras mas: tranquilo, todos tenemos días malos, semanas pésimas, meses deplorables e inclusive años atroces. Deja que la tranquilidad del silencio ordene tus ideas y podrás ver la manera en que todo va a fluir de la manera que siempre lo has deseado. Siempre habrá dilemas y reflexiones.

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