martes, 13 de agosto de 2013

Veintisiete.

La mañana estaba fresca. El viento bailaba suave y delicadamente. Las nubes ocultaban el brillo del sol a pesar del triunfo legendario de Yelena Isibayeva.
En twitter, según mi país, Fidel Castro y Rafael Caro Quintero eran Trending Topic; el primero por su cumpleaños número ochenta y siete, el segundo porque la sociedad reclama justicia a algo que yo no encuentro sentido debido a que "pagó" con la mayor condena posible de aquel tiempo. Ojo, admiro a Castro Ruz, a Caro sólo lo considero una estadística más del arcaico sistema penitenciario de mi país.
Repentinamente sale el sol; comienzan los cánticos alusivos al momento, los abrazos, los regalos. Las rebanadas de pastel, las risas y mi discurso de agradecimiento. Las llamadas telefónicas y los mensajes de texto no podían dejar de estar presentes.
Otra vez tu recuerdo incesante en mi mente. Me doy cuenta de que nunca nadie me sonrió así, que tu sonrisa enamora a cualquiera. Sin embargo, seguir adelante no es la única opción pero si es la mejor decisión. Nunca es tarde para ponerse las pilas: espera de mí lo que recibo de ti.
Y llegó la noche. La estrella más bella rítmicamente brillaba en el firmamento y le pregunté: ¿y nuestras conversaciones? La respuesta sólo fueron más sonrisas, anécdotas y rebanadas de pastel. Sonreí y me dije a mí mismo: aún no termina el día, ¡felices veintisiete, Carlos! Primera vez que no llueve en tu cumpleaños.

jueves, 1 de agosto de 2013

Fantasmas.

No es nada nuevo que, en un bosque incendiado, por cada paso dado, miles de partículas de ceniza comienzan a danzar al son que les marca el viento; éste último a veces tan presente, a veces tan ausente.
Contemplo. ¡Y la ceniza baila! Comienza dando un gran salto para después continuar con el primer arabesque, segundo arabesque y un tercer arabesque. Súbitamente regresa al suelo.

Aparecen los fantasmas. El fantasma de la sonrisa te menciona que cada vez es más complicado hacer una mueca. 
El fantasma de la mirada te recuerda que debes de tener cuidado con lo que ésta expresa y, sobre todo, a quién le diriges tan significativo mensaje. 
El fantasma del amor comienza a recapitular lo vivido: los sobrenombres tiernos, los abrazos, las sonrisas que han pasado, los besos dados, las miradas latentes, los juegos en secreto. También menciona que las heridas superficiales sanan pero que, cuando descubras cómo curar las heridas del corazón, le menciones paso a paso ese alquímico proceso; él aún no lo descubre.
El fantasma del olvido sonríe, da la media vuelta y dice: el olvido de la gente a la que amas será la más dura de las soledades.