miércoles, 22 de mayo de 2013

El total de tus pecas, Pecas.

En la vida hay momentos que serán recuerdos frecuentes; recuerdos que como verdugos torturarán la consciencia hasta que llega el punto en el que te preguntas: ¿cómo pudo sucederme a mí? Este es uno de ellos.

Y es así, como llega a mi memoria, que mi historia tiene algo de  terror y alevosía, tristeza y alegría, extensos viajes, excesos, unos cuantos libros, algo de amor y tu constante presencia en mi mente.

A veces he llegado a creer que estoy loco pero no lo comento por temor a que medicamente sea verdad; además, es una locura que disfruto, que me hace sentir vivo. El dolor también es síntoma de existir, ¿cierto?

¿Dicha o desgracia? Me inclino por lo positivo a pesar de que aquella vivencia, incesante en mi mente, en la que mis dedos intentaban contabilizar tus pecas, me produce una terrible ansiedad.
Quizá esa ansiedad es porque nunca logré calcular con exactitud el total de tus pecas, Pecas, y tal vez nunca volveré a tener esa oportunidad. Probablemente sea porque extraño tu risa. Esa risa que estallaba ante la más mínima provocación de mis manos; ¿Te digo un secreto? Casi siempre que eso sucedía, mis ojos terminaban un poco encantados por tan bello resplandor que ésta produce. Era agradable.

A lo mejor me falta dejar de percibir esas veces en las que para mi subconsciente estás pensando en mí; pareciera que tus ojos son mis cómplices y me permiten ver el mundo desde tu interior (o podría ser que, simplemente, mi consciencia no me deja tranquilo por las veces en que fui un patán contigo). Y estoy seguro que eso seguirá pasando de vez en cuando; que, probablemente, mis palabras no me darán nada de lo que pretendo porque las palabras se las lleva el viento y sólo los hechos quedan.

¿Amor o adicción? Ambos diría yo. Lo primero porque eres la mujer con la que siento esa afinidad emocional, física y espiritual, que necesito para mi bomba anímica del día a día. Lo segundo porque, para mi suerte, eres el eje en el que gira lo que hago; lo que soy o he dejado de ser lo he logrado pensando en ti.

¿Qué me queda? Me queda seguir soñando, es la única manera en la que puedo compartir contigo tantos momentos, lo más cercano a hacer todo lo que despierto no puedo. Que para ti siempre seré el necio que, por no saber escucharte, te perdió y para mí seré un simple desconocido, loco y enamorado de ti, que de vez en cuando te hizo sonreír.

Sonríe Pecas, sonríe.

viernes, 17 de mayo de 2013

Lo bueno de lo malo.

¿Alguna vez has sentido el corazón en la garganta? Bueno, es algo muy común. Es de esas veces en que sus latidos son tan intensos y veloces que pareciera que éste quiere salir y gritar que no está a gusto dentro de tí. En lo personal me sucede en momentos de preocupación, desesperación, decepción, entre otros.
Algunas veces, cuando pienso en ciertas personas que me hacen recordar momentos hermosos también siento ese indomable trote del corazón; pero sólo en esas ocasiones no es  por incomodidad, es pura alegría por recordar e imaginariamente ver, Pecas en el aire.
Lo bueno de lo malo es que, si ya sucedió una vez, puede pasar dos veces.