viernes, 29 de noviembre de 2013

Tres noches y cuatro hojas de papel reciclado.

Hoy no voy a escribir sobre amor o desamor, ni sobre sueños rotos o distantes. Mucho menos sobre recuerdos fugaces. Hoy, tengo ganas de quejarme de una manera tan humana que quizá dejaré a un lado la poca humanidad que me queda.
Hace unos días me preguntaron: ¿qué es lo que detestas en una persona? La pregunta me tomó por sorpresa y mi respuesta demoró un minuto y dos suspiros. No lo sé, respondí.
Durante varias noches, mientras intentaba conciliar el sueño, me di a la tarea de hacer un breve análisis sobre ese aspecto y de esa manera no me volvieran a tomar por sorpresa con ese tema.
Bastaron tres noches y cuatro hojas de papel reciclado, en las que escribí un montón de lineas, para detener mi análisis. ¿Por qué? Simplemente llegó un punto en el que comencé a autoanalizarme y recordé que el ser humano tiene la facilidad de odiarse a sí mismo, sin consideración alguna.

jueves, 31 de octubre de 2013

La sombra del árbol.


Estabas acostada, durmiendo en algún lugar como una piedra al pie de un árbol enraizado a la orilla del riachuelo. La sombra del árbol cubría tu cara y en la desnudez de tus pies el sol brillaba.
Te grité, feliz por encontrarte, dos y tres veces pero no obtuve respuesta. Como pude, bajé de prisa por el paredón hasta entrar al riachuelo.
De repente, estabas frente a mí y preguntaste: ¿qué haces aquí? ¿Por qué no me avisaste de tu llegada? Entre mi alegría, mi timidez y mi nerviosismo, no supe que responder; me quedé mudo por un momento. Mientras salíamos del agua en dirección a la sombra del árbol, el silencio nos halagó con su compañía. Al fondo cantaba un gorrión y echamos un par de risas, te hice saber que previamente grité mientras dormías, para alertarte de mi presencia; frunciste el ceño y lo único que dijiste fue: calla tontuelo. Una sonrisa adornó tu rostro.

Solté una carcajada monumental. Si, una de esas carcajadas que se disfrutan tanto y provocan cerrar los ojos durante un par de segundos. Cuando los abrí nuevamente, sequé mis lágrimas y me percaté que nuestros pies ya no estaban húmedos, tampoco sucios. Ya no había hojas secas y la sombra del árbol se había ido. Las hojas secas se convirtieron en un rojizo adoquín, el riachuelo en asfalto, el compañero sol no era más que un tenue candil. ¿Y la sombra del árbol? La sombra del árbol se transformó en una sombrilla que protegía, del sereno de la noche, a una mesa con sus respectivas sillas. Y en efecto, el gorrión no cantó más. En su lugar, el mesero nos deleitó con el clásico: ¿desea ordenar algo para beber? Dos tazas de té, por favor, respondiste.


Continuamos conversando. Te confesé uno que otro de mis secretos; entre ellos, que dentro de mí llevo encapsulado un sentir que abarca algo más que amistad por ti. Tímidamente sonreímos e inmediatamente  bebimos un trago de té. Me cuestionaste el hecho del porqué hasta ahora lo expresé y súbitamente comenzaste a decir cosas extrañas;  extrañas porque empezaste a hablar en otro idioma, parecía como si pronunciabas oraciones poderosas para combatir al demonio mismo. Pero igual seguimos riendo a la par: tú al escuchar la más mínima de mis tonterías y yo por no entender lo que decías.

Te paraste y, al comenzar a caminar, me pediste que contara hasta tres y te siguiera. Uno, dos y tres, me dije. Comencé a caminar y corriste. Corrí e inesperadamente emprendiste el vuelo. Y seguí corriendo mientras el mesero intentaba alcanzarme exigiendo el pago de la cuenta y para mi fortuna, también pude volar. Pero no sabía cómo hacer para alcanzarte. Afligido, te pedí que me esperaras pero lo único que conseguí por respuesta fue un esperanzador grito que decía: sabes donde encontrarme.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Mediocre.


El problema no es la ideología, ni el fútbol o el basquetbol, ni el vecino o la vecina, ni los narcocorridos o el metal, ni las telenovelas o los realities, ni el Gobernador del Estado o el Presidente de la República.

El problema es que somos un país de gente mediocre, sin escrúpulos y siempre pensamos/actuamos sólo en nuestro beneficio; mientras estamos "abajo" nos quejamos pero cuando estamos "arriba" ni siquiera volteamos un poco para recordar, como si se olvidara, de dónde venimos y lo único que hacemos es seguir jodiendo a "los de abajo"... Mero círculo vicioso.


Con todo respeto para los chilangos, dicen por ahí que: "hay dos tipos de chilangos: los que salen a joder y los que salen a no dejarse".
Creo que hay que actualizar eso y en vez de utilizar el término "chilangos" debemos globalizar la situación y decir "personas".

martes, 10 de septiembre de 2013

¿Vamos por un café?

Volteo el reloj y la arena comienza a fluir hacia el bulbo inferior vacío. Cierro los ojos y, sin querer, me transporto a través de un largo camino, esquivando cientos de obstáculos, sólo para poder llegar a ese paradisíaco lugar tan distante que me permite encontrar la luz que me guíe hasta tu presencia.
Y estás ahí, tan próxima y tan distante, tan alegre y reservada, tan sencilla, tan hermosa, tan tú.
Te observo mientras juegas con un perro; me acerco y nos saludamos gustosamente. Me invitas a ser partícipe y echamos mil risas por las acrobacias realizadas en el momento.
De pronto, nos encontramos bebiendo ese café que tantas veces mencionamos en las pocas conversaciones que recientemente tuvimos. De mi bolsa, saco una rosa color rosa y te la entrego. Sonríes y solamente me preguntas si aún recuerdo que no me gustaba regalar flores. Sonrío; afirmo con la cabeza y la conversación continúa.
Coincidimos en que han cambiado tantas cosas en nuestras vidas, para bien y para mal; que por momentos nos sentimos desorientados, sin rumbo, a pesar de tener fijas nuestras metas personales. Que hay momentos en los que nos agobia esa negatividad que con cautela nos acecha.
Me percato que la arena está a punto de lograr su cometido y, como puedo, logro despedirme deseando encontrarte muy pronto.


Últimamente, apareces tantas veces en mis sueños que, ese hecho, me provoca despertar enérgicamente. Y al darme cuenta de que todo está oscuro y en soledad, me acongojo. Me sumerjo en el silencio de la noche y me pregunto si estarás bien, si eres feliz o sólo sonríes, si podría ayudarte en algo, si te gustaría contemplar la puesta del sol sentada en la orilla del mar mientras conversamos placenteramente.
Reviso mi teléfono celular y veo que son las 03:14 horas de hoy martes. Enciendo la luz. Tomo una pluma y una hoja de reúso y comienzo a escribir lo anterior.

Por cierto, por las noches, aún dejo encendido ese escueto aparato esperando encontrar, por la mañana, un mensaje de texto, de un número desconocido para mi agenda personal, que contenga la siguiente cuestión: "¿vamos por un café?".

martes, 13 de agosto de 2013

Veintisiete.

La mañana estaba fresca. El viento bailaba suave y delicadamente. Las nubes ocultaban el brillo del sol a pesar del triunfo legendario de Yelena Isibayeva.
En twitter, según mi país, Fidel Castro y Rafael Caro Quintero eran Trending Topic; el primero por su cumpleaños número ochenta y siete, el segundo porque la sociedad reclama justicia a algo que yo no encuentro sentido debido a que "pagó" con la mayor condena posible de aquel tiempo. Ojo, admiro a Castro Ruz, a Caro sólo lo considero una estadística más del arcaico sistema penitenciario de mi país.
Repentinamente sale el sol; comienzan los cánticos alusivos al momento, los abrazos, los regalos. Las rebanadas de pastel, las risas y mi discurso de agradecimiento. Las llamadas telefónicas y los mensajes de texto no podían dejar de estar presentes.
Otra vez tu recuerdo incesante en mi mente. Me doy cuenta de que nunca nadie me sonrió así, que tu sonrisa enamora a cualquiera. Sin embargo, seguir adelante no es la única opción pero si es la mejor decisión. Nunca es tarde para ponerse las pilas: espera de mí lo que recibo de ti.
Y llegó la noche. La estrella más bella rítmicamente brillaba en el firmamento y le pregunté: ¿y nuestras conversaciones? La respuesta sólo fueron más sonrisas, anécdotas y rebanadas de pastel. Sonreí y me dije a mí mismo: aún no termina el día, ¡felices veintisiete, Carlos! Primera vez que no llueve en tu cumpleaños.

jueves, 1 de agosto de 2013

Fantasmas.

No es nada nuevo que, en un bosque incendiado, por cada paso dado, miles de partículas de ceniza comienzan a danzar al son que les marca el viento; éste último a veces tan presente, a veces tan ausente.
Contemplo. ¡Y la ceniza baila! Comienza dando un gran salto para después continuar con el primer arabesque, segundo arabesque y un tercer arabesque. Súbitamente regresa al suelo.

Aparecen los fantasmas. El fantasma de la sonrisa te menciona que cada vez es más complicado hacer una mueca. 
El fantasma de la mirada te recuerda que debes de tener cuidado con lo que ésta expresa y, sobre todo, a quién le diriges tan significativo mensaje. 
El fantasma del amor comienza a recapitular lo vivido: los sobrenombres tiernos, los abrazos, las sonrisas que han pasado, los besos dados, las miradas latentes, los juegos en secreto. También menciona que las heridas superficiales sanan pero que, cuando descubras cómo curar las heridas del corazón, le menciones paso a paso ese alquímico proceso; él aún no lo descubre.
El fantasma del olvido sonríe, da la media vuelta y dice: el olvido de la gente a la que amas será la más dura de las soledades.

lunes, 24 de junio de 2013

Prometo.

Prometo almacenar tu sonrisa en la mejor parte de mi ser y guardar tu recuerdo en cada atardecer.
Prometo no ser tan necio e insistente; ignorar lo pasado y anestesiar el presente.
Prometo parar de hacer lo que no hice en el momento; a partir de ahora lo haré sólo con el pensamiento.
Prometo no soltar más lágrimas bajo la lluvia; que las nubes descarguen limpiamente su furia.
Prometo, esporádicamente, mencionarte en algún texto porque, para no hacerlo, aún no encuentro pretexto.
Prometo pedirle a la luna que te cuide en mi ausencia, que aunque ésta será larga, ella sabrá recordarte mi presencia.
Prometo que de esta ruina olvidaré lo malo para siempre, vivir a diario como en cualquier día de septiembre.
Prometo disimular que eres el instante que dura una eternidad en mi alma aunque, en el intento, mil veces pierda la calma.
Prometo autorizar que cada una de estas letras, se encarguen de cumplir lo que el corazón intenta.

miércoles, 22 de mayo de 2013

El total de tus pecas, Pecas.

En la vida hay momentos que serán recuerdos frecuentes; recuerdos que como verdugos torturarán la consciencia hasta que llega el punto en el que te preguntas: ¿cómo pudo sucederme a mí? Este es uno de ellos.

Y es así, como llega a mi memoria, que mi historia tiene algo de  terror y alevosía, tristeza y alegría, extensos viajes, excesos, unos cuantos libros, algo de amor y tu constante presencia en mi mente.

A veces he llegado a creer que estoy loco pero no lo comento por temor a que medicamente sea verdad; además, es una locura que disfruto, que me hace sentir vivo. El dolor también es síntoma de existir, ¿cierto?

¿Dicha o desgracia? Me inclino por lo positivo a pesar de que aquella vivencia, incesante en mi mente, en la que mis dedos intentaban contabilizar tus pecas, me produce una terrible ansiedad.
Quizá esa ansiedad es porque nunca logré calcular con exactitud el total de tus pecas, Pecas, y tal vez nunca volveré a tener esa oportunidad. Probablemente sea porque extraño tu risa. Esa risa que estallaba ante la más mínima provocación de mis manos; ¿Te digo un secreto? Casi siempre que eso sucedía, mis ojos terminaban un poco encantados por tan bello resplandor que ésta produce. Era agradable.

A lo mejor me falta dejar de percibir esas veces en las que para mi subconsciente estás pensando en mí; pareciera que tus ojos son mis cómplices y me permiten ver el mundo desde tu interior (o podría ser que, simplemente, mi consciencia no me deja tranquilo por las veces en que fui un patán contigo). Y estoy seguro que eso seguirá pasando de vez en cuando; que, probablemente, mis palabras no me darán nada de lo que pretendo porque las palabras se las lleva el viento y sólo los hechos quedan.

¿Amor o adicción? Ambos diría yo. Lo primero porque eres la mujer con la que siento esa afinidad emocional, física y espiritual, que necesito para mi bomba anímica del día a día. Lo segundo porque, para mi suerte, eres el eje en el que gira lo que hago; lo que soy o he dejado de ser lo he logrado pensando en ti.

¿Qué me queda? Me queda seguir soñando, es la única manera en la que puedo compartir contigo tantos momentos, lo más cercano a hacer todo lo que despierto no puedo. Que para ti siempre seré el necio que, por no saber escucharte, te perdió y para mí seré un simple desconocido, loco y enamorado de ti, que de vez en cuando te hizo sonreír.

Sonríe Pecas, sonríe.

viernes, 17 de mayo de 2013

Lo bueno de lo malo.

¿Alguna vez has sentido el corazón en la garganta? Bueno, es algo muy común. Es de esas veces en que sus latidos son tan intensos y veloces que pareciera que éste quiere salir y gritar que no está a gusto dentro de tí. En lo personal me sucede en momentos de preocupación, desesperación, decepción, entre otros.
Algunas veces, cuando pienso en ciertas personas que me hacen recordar momentos hermosos también siento ese indomable trote del corazón; pero sólo en esas ocasiones no es  por incomodidad, es pura alegría por recordar e imaginariamente ver, Pecas en el aire.
Lo bueno de lo malo es que, si ya sucedió una vez, puede pasar dos veces.

martes, 26 de marzo de 2013

Escalofrío.

Ese repentino escalofrío percibido mientras sueñas con personas que hace bastante tiempo no frecuentas. Recorrer lugares que hace años cambiaron su arquitectura original. Leer un buen libro y que parezca que en cada párrafo hay un quinteto de palabras recitando tu vida. Revisar el correo y encontrar mensajes, de personas distantes, preguntando cómo te va. ¿Será que todas las personas tenemos algo en común? ¿Será que siempre buscamos ese parecido en las palabras de alguien más? ¿Será que nuestra naturaleza es, sin darnos cuenta, distanciarnos demasiado de los verdaderos amigos?
Intentar despertar de ese casi real y profundo sueño; sentir la desesperación de que llega la asfixia por tanta presión en el pecho. Ver tu cuerpo acostado sobre la cama y gritar en silencio hasta volver a caer en esa amnesia de ensueño. 
Despertar y no hacer nada al respecto. ¿Cobardía o valentía? Da igual, quedan mil sueños por vivir.

sábado, 2 de marzo de 2013

Días que parecen segundos.


Considerando que el miedo es una emoción primaria, me hice la siguiente pregunta: ¿a qué le tienes miedo?
Antes de auto-responder consideré que, desde mi poca experiencia, el miedo es un estado emocional básico en nuestro mecanismo de supervivencia y autodefensa en la colisión diaria con la sociedad; quien no logre controlarlo será devorado por la vida.
Me visualicé en ciertas etapas de mi vida: miedo a la oscuridad, miedo a reprobar un examen, miedo a la presencia de alguien, miedo a la soledad, miedo al amor, miedo al perro del vecino, miedo a quedarme sin palabras en momentos importantes, miedo a perder a mis seres queridos... Intempestivamente dejé de pensar en mis miedos y me acordé de lo rápido que pasa el tiempo.
Recordé, que hay días que parecen años y días que parecen segundos; que apenas ha pasado un año de que te fuiste a descansar y para mí ha sido un siglo. Extraño tus consejos, tus llamadas de atención, tu humor tan auténtico. No sé cuándo ni sé cómo pero estoy seguro de que te volveré a ver, mientras tanto sigue descansando en paz.
Te quiero mucho, tía.