miércoles, 30 de mayo de 2012

Te veo en agosto.


¿Recuerdas aquel "te veo en agosto"?
Estábamos en ese lugar donde solíamos gritar y nadie se quejaba. Ese "te veo en agosto" que, posteriormente, desató un intento efectivo de risas. Esas risas que nos llevaron a trepar a un árbol. Ese árbol que nos permitió contemplar el sublime atardecer. Ese atardecer que me inspiró a escribirte tantas cosas. Tantas cosas que siempre leíste y, por razones obvias,  jamás te pusieron triste.
Ahora me basta con poder cultivar mi razón y mi intelecto durante el ocaso. Y conforme éste transcurre, obtener un mejor enfoque de la problemática global.