jueves, 22 de marzo de 2012

El recinto.

Nada sencillo es entender la facilidad con la que algunas personas olvidan su orígen pero más difícil de entender resulta el cómo hacen para olvidar a su familia. Estoy conciente de que no soy la persona con los mejores principios morales o familiares pero de algo que sí estoy seguro es que nunca olvidaré todo lo que hiciste para poder ser quien soy ahora. Es de tontos decir que sólo tengo buenos recuerdos tuyos, porque nadie es perfecto a los ojos de los demás y a pesar de eso siempre estarás en mi mente y en mi corazón.
Me resulta tan irónica aquella escena en la que al terminar de acomodar ese arreglo floral sobre tu tumba, en señal de un "hasta pronto", giré mi cabeza hacia mi hombro para secar mis lágrimas como niño extrañando a su madre, y ver a aquel nene tan allegado a nosotros que, sin entender lo que sucedía en aquel recinto, jugaba, saltaba, reía con aquella infinita alegría.
En fin, quizá las nuevas generaciones llenarán los vacíos que la vida y su antónimo nos dejan.