lunes, 20 de febrero de 2012

Congeniar.

Aquella tarde estaba realmente ansioso. Los minutos parecían horas, las horas siglos. Al fin pude encontrarte. Bromeamos, reímos e incluso aplaudimos a aquel payaso, quien junto a su hijo, hacian estallar una que otra risa entre la multitud. Compartimos experiencias: tú tan tú y yo tan diferente. A pesar de eso, logramos congeniar.
Hoy, después de tanto tiempo, lo he recordado. Lo vivido en fechas recientes me ha refrescado la memoria. Aquellos recuerdos tan alegres, tan sepultados, han salido a la superficie para bien. Quizá me equivoqué, quizá acerté al tratar de olvidarlos. Lo único que sé, es que en su momento, fue lo mejor.

miércoles, 15 de febrero de 2012

La mejor pieza de la historia.

¿Alguna vez has aprovechado tu insomnio para crear algo? Yo sí. A veces salgo a correr al parque o aprovecho para leer hasta que mis ojos miopes me dicen "no más". Pocas noches me da por escribir, hoy es una de ellas.
Siento como si estuviera preso; preso porque le escribo a alguien que nunca veo. Alguien a quien ni si quiera conozco plenamente y a pesar de eso me provoca confianza. Alguien a quien probablemente espante y aleje por semejante atrevimiento. No suelo juzgar a las personas pero hoy me he dado a la tarea de echar a volar mi imaginación para interpretar, brevemente, un poco tu apariencia.
Si tu mirada fuera sinfonía sería la mejor pieza de la historia. Si la luna y las estrellas no existieran, tu sonrisa y tus ojos iluminarían cada una de las noches. Escuchar tu voz sería presenciar ese épico momento en el que Orfeo durmió al indomable Cerbero, suaves y bellas melodías. Tus labios: tan suaves como el aire que agita la rosaleda, tan tiernos y capaces de domesticar a cualquier bestia. Tu ser: pasión interminable.