martes, 26 de abril de 2011

Segundos sin voz.

No sé cómo comenzar esta entrada. Confieso que ese día simplemente me quedé sin palabras por unos segundos.

Mientras tenía una plática confortante, con una amiga en común, recibí tu llamada. Número desconocido en mi agenda telefónica y una voz que, a pesar de que al principio no logré reconocer, sonaba amigable.

Después de varios años, pediste disculpas por lo sucedido. Lo agradezco, pero a pesar de eso te dije que no era necesario que las pidieras. Si al aceptar tu petición logré que algo en tu vida vaya mejor, me alegro. Bien dicen por ahí: "haz el bien sin mirar a quién".

Que fuiste lo mas dulce en su momento, lo acepto. Que fuiste lo mas agrio en un instante, lo afirmo.
Como te lo dije aquel día: "si te encuentro con gusto te saludaré".
La vida marca el rumbo, el destino da los pasos.

lunes, 11 de abril de 2011

Te casas.

Hoy por la tarde me saludaste como tantas veces lo has hecho. Mantuvimos una breve conversación mientras yo estaba en la oficina y tú, no sé que estabas haciendo, estoy seguro que algo productivo.
Charlamos sobre este fin de semana que pasó. Tremendo concierto el que nos tocó disfrutar. Uno de los mejores días de mi vida. Estuvimos tan cerca pero tan distantes por obvias razones, aún así disfruté tu presencia.
Disfruté ver que a tu lado hay un hombre que a leguas se le nota que te ama, que te trata de la mejor manera que le es posible. Me dió tanta alegría verte tan llena de vida, tan enamorada y que el semblante de tu cara ha cambiado para bien (a pesar de que, hace tiempo, estuviste atada a una relación que solamente te desgastaba).
Hoy mientras conversamos noté cierta prisa en tí, noté cierto nerviosismo pero no imaginaba lo que estabas a punto de decirme. Horas después, justo en este momento, entiendo el por qué de tu prisa-nerviosismo:
¡Te vas a casar!
Solamente me nace decirte cosas lindas, desearte lo mejor del mundo y darte las gracias por ser tan buena amiga, por estar conmigo en las buenas y en las malas. Gracias por soportar cada uno de mis desplantes, mis vicios, mis ausencias tan largas e injustificadas. Gracias por nunca negarme tu tiempo.
Esta noche me consta que la vida pone todo en su lugar.
Dios te bendiga siempre.