martes, 29 de diciembre de 2009

De maravilla.


Me siento de maravilla al escuchar que aquella triste melodía retoma el sendero de la euforia.
Esperando ver una vez más los pequeños fragmentos de estrellas bailando por la noche, sabiendo que posiblemente me lleve a descender violentamente en añicos. Aún con esa realidad no entiendo el por qué, si mi rosaleda sabe que anhelo lo que dificilmente doy y me entusiasma lo que no tengo, no dudo en insistir. ¿Será que soy un necio?, ¿será que soy un terco?. ¡Que más da!. Siempre he andado por el borde del estrecho y lo que menos espero es facilidad.


Cada quien que vuele su papalote.

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